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Insectos y plagas de kiwi


La planta de kiwi, llamada actinidia, es originaria de China y se ha cultivado en Italia desde la década de 1980, encontrando un uso generalizado tanto a nivel profesional como amateur. La especie se ha adaptado muy bien a las condiciones pedoclimáticas de nuestras zonas y sus frutos son muy solicitados por el mercado por su sabor y por la salubridad que se les reconoce.

En consecuencia, a lo largo de los años se ha ido ampliando las áreas dedicadas a esta particular especie, que por su porte lianiforme requiere soportes para trepar y puede embellecer pérgolas y arcos en jardines privados como trepadora.

Actinidia es apta para el cultivo con el método orgánico, basado en la fertilización con productos orgánicos y minerales naturales y en métodos de bajo impacto ambiental para la defensa frente a posibles adversidades. Normalmente, en comparación con otros frutales, la actinidia es más resistente y requiere menos intervenciones fitosanitarias, pero no debemos, sin embargo, bajar la guardia por completo. Además de las enfermedades fúngicas y bacterianas, la actinidia puede resultar dañada por algunos insectos parásitos, que se describen a continuación, junto con algunas buenas sugerencias para mantenerlos bajo control con métodos biológicos.

Eulia

La eulia es una pequeña polilla (mariposa), de color marrón grisáceo y una envergadura de aproximadamente 1,5 cm. Las larvas son un poco más largas, de color verdoso con tonalidades marrones y una cabeza verde claro. Es un insecto muy polífago, capaz de atacar múltiples especies vegetales, haciendo 3 generaciones al año. El primer parpadeo se nota a finales de marzo y los demás desde junio hasta finales de septiembre. El daño que hace la eulia en los kiwis consiste en erosiones superficiales de los frutos, que dejan cicatrices y extensas suberificaciones en la piel, y en casos severos llevan a la pudrición. El insecto se puede erradicar con productos a base de Bacillus thuringiensis, efectivos contra diversas polillas dañinas en estado larvario.

Metcalfa

Metcalfa pruinosa es un pequeño insecto cubierto de cera y de color marrón (blanquecino en sus formas juveniles) que solo hace una generación al año. La eclosión de los huevos se produce desde finales de primavera hasta principios de verano, y las formas jóvenes que nacen producen mucha melaza, que mancha abundantemente las hojas, pero con todo el daño causado es principalmente estético. Para limpiar las plantas del parásito se pueden realizar tratamientos con jabón de Marsella diluido en agua y rociado sobre el follaje en las horas más frescas del día.

Cochinilla blanca

La cochinilla blanca que ataca a la actinidia (Pseudalacapsis pentágono) es polífago pero prefiere esta especie frutal junto con la morera, el melocotón y la cereza. Las plantas fuertemente atacadas sufren una descomposición general con el secado de las ramas. Los frutos de la actinidia clásica (variedad Hayward) se salvan de los ataques directos, siendo peludos, pero no los kiwis de las variedades más lampiñas, como los de pulpa amarilla.

Contra la cochinilla, que comienza a poner en abril-mayo, se pueden realizar tratamientos con aceite mineral blanco, pero en presencia de pocas plantas puede ser suficiente una limpieza vigorosa del tallo y ramas con cepillos rígidos. Los macerados de helecho también ayudan a mantener alejadas las cochinillas y pueden ser muy útiles como preventivo.

En cultivos orgánicos profesionales, las trampas de feromonas específicas también pueden usarse de manera efectiva para capturar machos y así evitar las reproducciones.

Saltahojas verde

El saltahojas verde, como sugiere el nombre científico, Empoasca vitis, ataca preferentemente a las vides, pero se comporta de forma similar sobre los actinidios, poniendo huevos en primavera en las costillas de las hojas de kiwi y completando 3 generaciones al año. El daño causado por este insecto consiste en la succión de la savia de las hojas, con desecación y rizado, que se puede contener mediante el tratamiento con piretro, un insecticida natural de amplio espectro.

Araña roja

Es un pequeño ácaro que ataca a diversas especies vegetales y que, dependiendo de las condiciones ambientales, puede pasar por muchas generaciones al año. Las hembras hibernan fertilizadas en la corteza de las plantas hospederas y en primavera, después de un breve período de alimentación, comienzan a poner huevos. En presencia de este parásito que encontramos tanto en el jardín como en el huerto, se pueden ver finísimas telarañas en el envés de las hojas, con densas colonias de estos diminutos ácaros de aproximadamente medio milímetro de tamaño. El daño que la araña roja causa a las plantas es provocado por los estiletes bucales con los que vacía las células chupando el contenido. Las hojas se decoloran y amarillean, aunque el daño sea limitado en cuanto a severidad, es mejor contenerlo con macerados repelentes como el a base de ajo o ortiga.

Lepidópteros noctuidos

Las larvas de estas polillas polífagas pueden trepar al tallo y las ramas de los actinidios y, si está en la fase de brotación, pueden causar daño al comerse los tiernos brotes tiernos. Los síntomas de sus ataques son similares a los provocados por caracoles y caracoles, también con un hábito predominantemente vespertino y nocturno, aunque conviene diferenciar el característico babeo de estos últimos. En el caso de los lepidópteros, es posible tratarlos con Bacillus thuringiensis.

Otros parásitos

Otros insectos polífagos que afectan a los actinidios además de otras diversas especies vegetales, son la mosca de la fruta y el barrenador del maíz, que se tratan con trampas de comida Tap Trap y Bacillus thuringiensis respectivamente.

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